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Protestas masivas, creciente militarización y una pacificación que no llega en La Paz

La tensión siguió escalando, con La Paz cada vez más militarizada alrededor de la sede del gobierno y el parlamento, y constantes protestas masivas que bajan desde El Alto para pedir la renuncia de la presidenta interina autoproclamada, Jeanine Áñez, quien anunció que el exiliado Evo Morales no podrá ser candidato en las próximas elecciones.

Mientras el partido de Morales, el Movimiento al Socialismo (MAS), concentró todos sus esfuerzos en poner en marcha nuevamente la Asamblea Legislativa (parlamento) a partir de la mayoría que posee en ambas cámaras, el gobierno de Áñez avanzó en una estrategia mixta.

Por un lado, rivalizó con el presidente derrocado, mientras que, por otro, buscó tender puentes con el MAS.

«Decirle al MAS que tienen todo el derecho a participar en las elecciones (y) que vayan buscando candidato: Evo y Álvaro (García Linera, su vicepresidente) no están habilitados para un cuarto mandato», anunció Áñez en un mensaje ante la prensa.

Ayer, un día después de declararse presidenta en una sesión del Senado sin quórum, Áñez había anticipado que iba a convocar a elecciones y a derogar la sentencia del Tribunal Constitucional que permitió a Morales y su vicepresidente presentarse a una tercera reelección el mes pasado, unos comicios hoy virtualmente anulados.

En paralelo, Roxana Lizárraga, la ministra de Comunicación designada por Áñez y la misma que este jueves amenazó a periodistas internacionales con detenerlos por sedición mientras equipos argentinos denunciaban ataques en la calle, acusó a Morales de vivir una «vida de lujo» y «derrochar» el dinero público.

«Parece una habitación de un jeque árabe, el derroche de dinero que se ha hecho para la construcción de este palacio realmente es un insulto para todos los bolivianos», aseguró Lizárraga a la prensa tras abrir las puertas de la Casa Grande del Pueblo, la sede de gobierno inaugurada por el presidente derrocado que ahora no está siendo utilizada.

Por su parte, el principal candidato de la oposición en las elecciones del mes pasado, el ex mandatario Carlos Mesa, ratificó que volverá a disputar la Presidencia y apuntó contra su rival.

«¿Cómo es posible que México, un país que tiene una tradición histórica de asilo, y que le ha dado asilo y hasta ahí no hay nada que decir, le permita a Morales declarar políticamente, hacer acusaciones, participar en la política boliviana, promover la violencia y la división?», cuestionó, mientras crecían los rumores de que Áñez haría un pedido formal al gobierno mexicano, que aún no la reconoció.

La senadora ya fue reconocida por los gobiernos de Brasil, Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Colombia y Guatemala; sin embargo, estos apoyos siguen siendo minoritarios. Por eso, este jueves comenzó a tender puentes con el MAS, el partido que solo controla la mayoría de la Asamblea Legislativa.

Además de garantizar que el partido de Morales podrá participar de las elecciones que prometió convocar «lo antes posible», su ministro de la Presidencia, Jerjes Justiniano, informó que empezó los primeros acercamientos con legisladores de esa fuerza política para «lograr pacificar el país».

«Les hemos dicho que, como gobierno, no tenemos ningún problema, que nuestro máximo interés en este momento es generar paz», aseguró ante la prensa frente al Palacio Legislativo.

El funcionario designado por Áñez les prometió que «no va a haber persecución política, no va a haber caza de brujas» y pidió «un cuarto intermedio en todas las movilizaciones y paros que hay en el país» para que «se evidencie la voluntad que tiene el gobierno de poder llegar a un proceso de paz».

Fuentes del MAS confirmaron a Télam estos contactos y hasta entrada la noche aún no estaba claro si las conversaciones darían frutos y el Senado volvería a sesionar, quizás incluso con presencia de algunos legisladores que apoyan a Áñez.

Desde la semana pasada, la Asamblea Legislativa no funciona en Bolivia.

Mientras se dirime una posible salida institucional en el Poder Legislativo, en las calles, las protestas desde El Alto siguen inundando parte del centro de la capital, mientras esperan para los próximos días la llegada de columnas masivas de cocaleros del Chapare, la cuna política de Morales.

La gran incógnita que sobrevolaba al corazón político de La Paz esta noche era si los incipientes contactos entre el nuevo oficialismo y el MAS serán suficientes para evitar una jornada violenta cuando la mayor movilización de esta crisis llegue a una capital militarizada.

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